jueves, 22 de enero de 2009

Minerva

15

13.01.09


Acabo de abrir el periódico y me hallo con la monstruosa noticia de los últimos tiempos que nos han tocado vivir: las guerras siguen vivas a costa de las muertes, la economía mundial va de mal en peor, la Justicia parece no serlo porque las leyes se desmoronan y se mal emplean por aplicarlas según conveniencias particulares y gremiales (no se perciben criterios de legalidad), la enseñanza fracasa y los docentes andan despistados tras la inmensa cantidad de cambios y adaptaciones que se les vienen aplicando, la anarquía se globaliza, los valores se ignoran y prevalecen los caprichos y las conveniencias, el hambre y la enfermedad afectan cada día a más países y a más seres humanos, se cuestiona la existencia de Dios y de la necesidad de creer en Él…

No entiendo bien lo que está ocurriendo, Minerva, pero deseo entenderlo para ir explicándote la importancia de los valores humanos, de la ley natural, del sentido común, de la necesidad de vivir y pensar con calidad, de la trascendencia de una buena convivencia (familiar, escolar, social) con nuestro semejantes (sin que importen el origen, la raza, la condición, la lengua, el sexo) y con nuestro medio ambiente (del que dependen nuestra vida, nuestra evolución y nuestro futuro), de lo imprescindible que es formarnos y adquirir conocimiento para equilibrar el presente y proyectar el futuro sobre cimientos sólidos, del valor de la familia y de la amistad, de lo fundamental y frágil que es nuestro equilibrio espiritual para mirar al porvenir con esperanza y alegría… Etcétera.

Ya sé que son muchas cosas, y muy serias, mi niña, para que las puedas comprender ahora, ya lo sé pero, mira, casi todas se reducen a unas pocas frases o principios, como “ámate y respétate, para que te amen y te respeten”, “no quieras para nadie lo que no quisieras para ti”, “ama a tu familia, a tus amigos, como a ti misma, porque en la misma medida te sentirás más amada”, “es muy hermoso que a uno le quieran, pero antes tiene que haber sembrado amor a espuertas, por mera justicia”, “sé justa con los que te enseñaron el sentimiento del amor, pues te aman desde antes de nacer y te sirvieron de referencia desde el primer momento que abriste tus ojitos al mundo”. ¿Ves, mi niña, como la palabra “amor” es una de las más importantes palabras que puedas utilizar?

Pero, ¿qué es el amor?, podrías preguntarme. Para ser honesto y sincero contigo, a pesar de todo lo que te he dicho hasta ahora, debo confesarte que no sé lo que es, pero, sin embargo, puedo asegurarte que sí que lo siento y lo practico como si conociese la respuesta. Pues, si no, ¿cómo es que te quiero tanto y tú sientes que lo hago con tanto amor?, ¿cómo es que tu madre y yo podemos estar tan unidos, y contigo, si no hubiese amor entre nosotros?, ¿qué es lo que os hace sentir tan integrados a ti y a tus hermanos, si no es el amor que sentís?, ¿y qué decir de tus abuelos?...

Por tanto, creo que al amor puede definirlo cada uno tal y como perciba ese sentimiento, es decir, que puede haber una respuesta diferente por cada persona que intente precisarlo, y siempre será válido el dictamen que haga. Algún día también conoceremos la tuya, tu definición, Minerva, seguro.

Mas, si me exigieras que yo matizase más, podría decirte que amar es darse, escuchar y compartir; que amar es pensar en los otros sin compasión y apasionamiento pero con justicia; que amor es mirar y ver con los ojos de los otros; que amor es acostarse con la conciencia tranquila; amor es no aguardar nada a cambio de amor, pero es satisfacción cuando por amor se nos da algo que nos conmueva; amor es pedir para el que nada tiene y es luchar para que obtenga beneficio; amor es contar un cuento al insomne o a aquel al que se le agotaron los sueños; amor es hablar de esperanza a los desesperados; amor es hacer felices a los tristes; amor es susurrar al que grita, para sosegarlo; amor es intentar aliviar la angustia y el dolor al que sufre; amor es compartir tanto las alegrías como las penas; amor es compartir las soledades y los deterioros que provoca la edad, con paciencia; amor es hablar de futuro a aquel que tiró la toalla ante las vicisitudes de la vida; amor es renunciar a un juguete para dárselo al niño que no los tiene; amor es compartir el bocadillo; amor es compartir los conocimientos…

¿Qué sugerencia te serviría?... Pienso que todas son buenas y válidas, incluidas aquellas otras muchas que se ocultan detrás de los puntos suspensivos.

Te quiero mucho, mi niña, de verdad, con todo el amor que me cabe en mis alforjas.

Minerva

14

12.01.09

Han transcurrido casi dos meses desde mi última anotación en tu diario, mi niña. La verdad es que lo he tenido muy difícil; han sido muchas las causas: mi viaje a San Francisco, California, para asistir a un congreso internacional de mi especialidad, las fiestas navideñas y de fin de año – que tanto significado tuvieron para mi, pero que han dejado de tenerlo desde hace mucho tiempo, hasta para anularles las mayúsculas en su enunciado – tan feas este año, pues nos las hemos pasado toda la familia (tú, tan malita) encerrados y en cama por causa de la gripe y su recaída, durante varias semanas; el intenso frío que nos privó de cualquier otra actividad, las visitas de cortesía de familiares y amigos, etcétera…

Al fin, ya más o menos estabilizados, vuelvo a ponerme ante tu blog e intento referir lo que va ocurriendo con nosotros.

El caso es que tú has evolucionado tanto, has crecido tanto, has madurado tanto, que ya no pareces la pequeña que se ha quedado en la última entrada de tu diario. Te despachas, hablando, que es un primor; te has vuelto parlanchina, sigues siendo terriblemente sociable, más alegre y juguetona, con más inventiva para los juegos y con un lenguaje mucho más enriquecido. A veces no te comprendemos, sin embargo, pero eres tan perspicaz, que te esfuerzas para hacerte entender; una vez que lo logramos, nosotros vamos aprendiendo tus palabras nuevas, que ya son muchísimas, y cada día nos sorprendes con alguna; cuando eso se consigue, tú te alegras y lo celebras con risas y aplausos, y nosotros nos sentimos llenos de gozo porque cada vez se afianza más la comunicación en nuestra familia. Tanto es así, que mami, cada vez que viene a casa en el fin de semana, dice que te nota diferente, más adelantada en todo lo que haces y dices; ella te percibe llena de nuevas habilidades. En una palabra: sigues haciéndonos sentir felices porque también a ti te vemos feliz; tus hermanos y tus abuelos también lo dicen.

Habéis tenido, este mes, tú y tu hermano Teto (Alberto) la oportunidad de compartir horas y juegos juntos, en el intervalo transcurrido entre su regreso de Sao Paulo (Brasil) y su marcha a Carolina del Norte (EEUU), para incorporarse a su cátedra. También os hemos disfrutado nosotros, viendo cómo crecía vuestra compenetración y complicidad; a pesar de permanecer tanto tiempo lejos a lo largo del año, lo aceptas como natural y no le rehuyes, al contrario, le demandas y le llamas con cariño, como si a diario conviviese contigo; debe ser cierto lo de la fuerza de la sangre. No vemos diferencia en tu comportamiento con él y con Dami, que te visita casi a diario o te llama asiduamente por teléfono (te encanta). Buscas en ellos diferentes respuestas, les haces distintas manifestaciones de afecto y les conquistas de modo particular, lo que significa que les diferencias muy bien y que les aceptas, indistintamente; es una suerte, y muestra de una inteligencia muy especial por tu parte; eres una coqueta. Les quieres por igual.

Ojalá pronto puedas compartir el mismo afecto con tu sobrinita, un mes más joven que tú, y a la que no has tenido oportunidad de ver desde hace casi un año; seguro que te acuerdas de ella, porque la reconoces muy bien por las fotografías; estoy seguro de que os llevaréis estupendamente y que llegaréis a ser cómplices y confidentes. Ella es más pausada que tú; tú eres más inquieta, más fedello; así os complementaréis.

Acabas de acercarte a mi con un juguete musical, al que te has aficionado, y me has dicho: “no tene pilas”. Te muestro que sí las tiene, pero que debes apretar un “botón” para hacerlo funcionar. Tú me miraste, me levantase el jersey y apretaste con tu dedito mi pequeña hernia umbilical, que tanta gracia te hace, y me dijiste: “¿ tú tenes pilas, papi?”.

¡Eres sorprendente, mi amor! Papi tiene siempre puestas las pilas para ti, Minerva; espero que duren mucho y, si no, avísame para que las renueve, ¿ te parece bien?.