jueves, 22 de enero de 2009

Minerva

14

12.01.09

Han transcurrido casi dos meses desde mi última anotación en tu diario, mi niña. La verdad es que lo he tenido muy difícil; han sido muchas las causas: mi viaje a San Francisco, California, para asistir a un congreso internacional de mi especialidad, las fiestas navideñas y de fin de año – que tanto significado tuvieron para mi, pero que han dejado de tenerlo desde hace mucho tiempo, hasta para anularles las mayúsculas en su enunciado – tan feas este año, pues nos las hemos pasado toda la familia (tú, tan malita) encerrados y en cama por causa de la gripe y su recaída, durante varias semanas; el intenso frío que nos privó de cualquier otra actividad, las visitas de cortesía de familiares y amigos, etcétera…

Al fin, ya más o menos estabilizados, vuelvo a ponerme ante tu blog e intento referir lo que va ocurriendo con nosotros.

El caso es que tú has evolucionado tanto, has crecido tanto, has madurado tanto, que ya no pareces la pequeña que se ha quedado en la última entrada de tu diario. Te despachas, hablando, que es un primor; te has vuelto parlanchina, sigues siendo terriblemente sociable, más alegre y juguetona, con más inventiva para los juegos y con un lenguaje mucho más enriquecido. A veces no te comprendemos, sin embargo, pero eres tan perspicaz, que te esfuerzas para hacerte entender; una vez que lo logramos, nosotros vamos aprendiendo tus palabras nuevas, que ya son muchísimas, y cada día nos sorprendes con alguna; cuando eso se consigue, tú te alegras y lo celebras con risas y aplausos, y nosotros nos sentimos llenos de gozo porque cada vez se afianza más la comunicación en nuestra familia. Tanto es así, que mami, cada vez que viene a casa en el fin de semana, dice que te nota diferente, más adelantada en todo lo que haces y dices; ella te percibe llena de nuevas habilidades. En una palabra: sigues haciéndonos sentir felices porque también a ti te vemos feliz; tus hermanos y tus abuelos también lo dicen.

Habéis tenido, este mes, tú y tu hermano Teto (Alberto) la oportunidad de compartir horas y juegos juntos, en el intervalo transcurrido entre su regreso de Sao Paulo (Brasil) y su marcha a Carolina del Norte (EEUU), para incorporarse a su cátedra. También os hemos disfrutado nosotros, viendo cómo crecía vuestra compenetración y complicidad; a pesar de permanecer tanto tiempo lejos a lo largo del año, lo aceptas como natural y no le rehuyes, al contrario, le demandas y le llamas con cariño, como si a diario conviviese contigo; debe ser cierto lo de la fuerza de la sangre. No vemos diferencia en tu comportamiento con él y con Dami, que te visita casi a diario o te llama asiduamente por teléfono (te encanta). Buscas en ellos diferentes respuestas, les haces distintas manifestaciones de afecto y les conquistas de modo particular, lo que significa que les diferencias muy bien y que les aceptas, indistintamente; es una suerte, y muestra de una inteligencia muy especial por tu parte; eres una coqueta. Les quieres por igual.

Ojalá pronto puedas compartir el mismo afecto con tu sobrinita, un mes más joven que tú, y a la que no has tenido oportunidad de ver desde hace casi un año; seguro que te acuerdas de ella, porque la reconoces muy bien por las fotografías; estoy seguro de que os llevaréis estupendamente y que llegaréis a ser cómplices y confidentes. Ella es más pausada que tú; tú eres más inquieta, más fedello; así os complementaréis.

Acabas de acercarte a mi con un juguete musical, al que te has aficionado, y me has dicho: “no tene pilas”. Te muestro que sí las tiene, pero que debes apretar un “botón” para hacerlo funcionar. Tú me miraste, me levantase el jersey y apretaste con tu dedito mi pequeña hernia umbilical, que tanta gracia te hace, y me dijiste: “¿ tú tenes pilas, papi?”.

¡Eres sorprendente, mi amor! Papi tiene siempre puestas las pilas para ti, Minerva; espero que duren mucho y, si no, avísame para que las renueve, ¿ te parece bien?.




No hay comentarios: