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30 / 10 / 2008
Tienes a tu madre muy preocupada. La causa: que lloras a gritos y te pones rígida cuando te enfadas, y parece que pegas cuando sacudes tus manitas, tal vez para decir que no estás de acuerdo. A mamá le falta experiencia y quizás no sea capaz, sin darse cuenta, de tener en cuenta que eres su primera hija y que le faltan las vivencias de las veteranas madres, que apenas se afectan, por lo mismo, con sus hijos. Debes aprender a perdonárselo, porque ella te ama; lo que pretende es enseñarte a medir tus impulsos, pero tú también eres demasiado pequeñita para comprenderla. Ambas debéis tener paciencia, ya veréis cómo llegáis a estar de acuerdo. Así seréis más felices y a mi me veréis más tranquilo; yo sé que eso será como te digo
Pequeniña: ¿verdad que gritas porque no sabes hablar?. ¿O tal vez copias el alto tono de voz de muchas personas que suelen hablarte, como si tú no pudieses oírles?. No saben que tu percepción es tan fina que se parece a la de nuestra perrita Jana cuando era un cachorrito; ahora ya es mayor y te considera a ti misma su cachorro, por eso se acaricia en tus piernas y te mira con ojos lánguidos y comprensivos cuando le tiras de las orejas o intentas agarrarle la alcachofa, gimiendo apenas cuando, en las mismas circunstancias, a cualquier otro le ladraría de verdad. Yo sé que le incomoda que le tiren de las orejas o del rabo. Y es reticente a las caricias excepto contigo. ¿Qué tipo de comunicación hay entre vosotras? ¿Sabes que al cambio de los humanos Jana tendrá unos setenta años?. ¿Y qué, pensarás tú, si mi papá también es mayor, y me quiere, y me comprende, y rueda por el suelo conmigo?
Voy a contarte un cuento.
Érase una vez una pareja de pájaros emigrantes que con amor lograron tener dos huevos que cuidaban en su nido hecho de barro y paja. Alborozados y felices, los papás vieron como un día sus huevos se rompían desde adentro y asomaban las cabecitas y los picos blandos de sus hijos, piando tan fuerte como tú lloraste cuando asomaste por la barriga de mamá al nacer; la diferencia entre ellos y tú está en que ellos tuvieron que luchar para salir, mientras que a ti te facilitamos el camino a costa de hacer una herida grande a mamá, de la que nunca se ha arrepentido desde que te vio por primera vez. Les ayudaron a desprenderse de los restos de la cáscara y les limpiaron el nido a diario, protegiéndoles día y noche para que otros animales no se los robasen y para que no se cayeran al suelo desde la rama alta donde anidaban.
Se turnaban en el nido para darles calor y cobijo, hiciese sol o lloviese, hiciese frío o calor, pues los pájaros pequeños no tienen cuna en donde alojarse ni mantita con la que cubrirse, como tienes tú.
Pasaban los días más rápido de lo que era de esperar y sus papás los alimentaban continuamente, turnándose en la labor, con gusanos, larvas e insectos para que se nutriesen y creciesen fuertes, pues en pocos meses comenzaría la emigración y tendrían que marcharse lejos, muy lejos, para sobrevivir.
Les crecieron las plumas y su color fue variando progresivamente hasta parecerse a las de sus papás. Ellos les enseñaron a salir del nido y a caminar sobre la rama y las ramas vecinas, para que perdiesen el miedo a ser autónomos y les mostraron cómo había que batir las alas para aprender a volar.
Pero ocurrió que uno de los pequeños fue obediente y se sacrificó siguiendo las enseñanzas de los papás, observando como los pajarillos de otros nidos y de otros papás hacían lo mismo; por el contrario, el otro hermano se mostró más vago y reticente, pues no quería salir a pasear por la rama ni ensayaba con las alas para hacer ejercicio, así que fue haciéndose cada vez más gordo.
Cuando llegó el momento de partir, éste último no fue capaz de ponerse en marcha: mientras que todos los demás daban pequeños vuelos para entrenarse, éste no hacía más que dormir y comer. Cuando la bandada decidió salir definitivamente, éste no fue capaz de levantar el vuelo. Sus papás, preocupados, le empujaban para espabilarle, pero él erre que erre, no quiso seguirles.
Tristes, sus padres y su hermano se retrasaron respecto a los demás, pues les daba pena que se quedara solo, pero ya en el horizonte asomaban las nubes negras y los días se hacían más cortos; la oscuridad tendía a cubrir el paisaje, los insectos escaseaban, las lombrices se escondían profundamente en la tierra y el viento ya no acariciaba, sino que hería porque llegaba a rachas frías. Así es que se tuvo que quedar solo en aquel nido que ya apenas le permitía guarecerse.
Sus papás y su hermano se fueron alejando, subiendo hasta las nubes, mirando atrás, compungidos, pero no podían hacer otra cosa si querían sobrevivir, a sabiendas de que el pajarito que se había quedado, por no querer sacrificarse, no tenía futuro y sucumbiría irremediablemente.
¿Has entendido el relato?. Es triste y alegre, a la vez, ¿verdad?. Yo te haría alguna pregunta al respecto, mi niña: ¿si fueses un pajarito, cuál de ellos te gustaría ser?, ¿cambiarías la seguridad y el futuro por la comodidad y la vagancia?, ¿te gustaría parecerte a tus padres y al otro pajarito o criarte a tu aire y perderte en ese mundo triste de la soledad y el desamparo?. Otras muchas podría hacerte, pero no quiero agobiarte; me doy por satisfecho por que me hayas escuchado.
Yo sé que eres inteligente y creo conocer tus respuestas. Tu madre y yo contamos contigo.
30 / 10 / 2008
Tienes a tu madre muy preocupada. La causa: que lloras a gritos y te pones rígida cuando te enfadas, y parece que pegas cuando sacudes tus manitas, tal vez para decir que no estás de acuerdo. A mamá le falta experiencia y quizás no sea capaz, sin darse cuenta, de tener en cuenta que eres su primera hija y que le faltan las vivencias de las veteranas madres, que apenas se afectan, por lo mismo, con sus hijos. Debes aprender a perdonárselo, porque ella te ama; lo que pretende es enseñarte a medir tus impulsos, pero tú también eres demasiado pequeñita para comprenderla. Ambas debéis tener paciencia, ya veréis cómo llegáis a estar de acuerdo. Así seréis más felices y a mi me veréis más tranquilo; yo sé que eso será como te digo
Pequeniña: ¿verdad que gritas porque no sabes hablar?. ¿O tal vez copias el alto tono de voz de muchas personas que suelen hablarte, como si tú no pudieses oírles?. No saben que tu percepción es tan fina que se parece a la de nuestra perrita Jana cuando era un cachorrito; ahora ya es mayor y te considera a ti misma su cachorro, por eso se acaricia en tus piernas y te mira con ojos lánguidos y comprensivos cuando le tiras de las orejas o intentas agarrarle la alcachofa, gimiendo apenas cuando, en las mismas circunstancias, a cualquier otro le ladraría de verdad. Yo sé que le incomoda que le tiren de las orejas o del rabo. Y es reticente a las caricias excepto contigo. ¿Qué tipo de comunicación hay entre vosotras? ¿Sabes que al cambio de los humanos Jana tendrá unos setenta años?. ¿Y qué, pensarás tú, si mi papá también es mayor, y me quiere, y me comprende, y rueda por el suelo conmigo?
Voy a contarte un cuento.
Érase una vez una pareja de pájaros emigrantes que con amor lograron tener dos huevos que cuidaban en su nido hecho de barro y paja. Alborozados y felices, los papás vieron como un día sus huevos se rompían desde adentro y asomaban las cabecitas y los picos blandos de sus hijos, piando tan fuerte como tú lloraste cuando asomaste por la barriga de mamá al nacer; la diferencia entre ellos y tú está en que ellos tuvieron que luchar para salir, mientras que a ti te facilitamos el camino a costa de hacer una herida grande a mamá, de la que nunca se ha arrepentido desde que te vio por primera vez. Les ayudaron a desprenderse de los restos de la cáscara y les limpiaron el nido a diario, protegiéndoles día y noche para que otros animales no se los robasen y para que no se cayeran al suelo desde la rama alta donde anidaban.
Se turnaban en el nido para darles calor y cobijo, hiciese sol o lloviese, hiciese frío o calor, pues los pájaros pequeños no tienen cuna en donde alojarse ni mantita con la que cubrirse, como tienes tú.
Pasaban los días más rápido de lo que era de esperar y sus papás los alimentaban continuamente, turnándose en la labor, con gusanos, larvas e insectos para que se nutriesen y creciesen fuertes, pues en pocos meses comenzaría la emigración y tendrían que marcharse lejos, muy lejos, para sobrevivir.
Les crecieron las plumas y su color fue variando progresivamente hasta parecerse a las de sus papás. Ellos les enseñaron a salir del nido y a caminar sobre la rama y las ramas vecinas, para que perdiesen el miedo a ser autónomos y les mostraron cómo había que batir las alas para aprender a volar.
Pero ocurrió que uno de los pequeños fue obediente y se sacrificó siguiendo las enseñanzas de los papás, observando como los pajarillos de otros nidos y de otros papás hacían lo mismo; por el contrario, el otro hermano se mostró más vago y reticente, pues no quería salir a pasear por la rama ni ensayaba con las alas para hacer ejercicio, así que fue haciéndose cada vez más gordo.
Cuando llegó el momento de partir, éste último no fue capaz de ponerse en marcha: mientras que todos los demás daban pequeños vuelos para entrenarse, éste no hacía más que dormir y comer. Cuando la bandada decidió salir definitivamente, éste no fue capaz de levantar el vuelo. Sus papás, preocupados, le empujaban para espabilarle, pero él erre que erre, no quiso seguirles.
Tristes, sus padres y su hermano se retrasaron respecto a los demás, pues les daba pena que se quedara solo, pero ya en el horizonte asomaban las nubes negras y los días se hacían más cortos; la oscuridad tendía a cubrir el paisaje, los insectos escaseaban, las lombrices se escondían profundamente en la tierra y el viento ya no acariciaba, sino que hería porque llegaba a rachas frías. Así es que se tuvo que quedar solo en aquel nido que ya apenas le permitía guarecerse.
Sus papás y su hermano se fueron alejando, subiendo hasta las nubes, mirando atrás, compungidos, pero no podían hacer otra cosa si querían sobrevivir, a sabiendas de que el pajarito que se había quedado, por no querer sacrificarse, no tenía futuro y sucumbiría irremediablemente.
¿Has entendido el relato?. Es triste y alegre, a la vez, ¿verdad?. Yo te haría alguna pregunta al respecto, mi niña: ¿si fueses un pajarito, cuál de ellos te gustaría ser?, ¿cambiarías la seguridad y el futuro por la comodidad y la vagancia?, ¿te gustaría parecerte a tus padres y al otro pajarito o criarte a tu aire y perderte en ese mundo triste de la soledad y el desamparo?. Otras muchas podría hacerte, pero no quiero agobiarte; me doy por satisfecho por que me hayas escuchado.
Yo sé que eres inteligente y creo conocer tus respuestas. Tu madre y yo contamos contigo.

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