martes, 4 de noviembre de 2008

Minerva

7
Me he pasado horas leyendo hasta que tú despertaste. Y lo hiciste como siempre, llamando a papi, a mami, a Pipo y a Poo; cuando te respondí me dijiste "Men" y yo fui a tu lado.

El chupete lo tenías aplicado, como si fuese un cigarrillo, a la comisura de la boca, y lo mordías con fuerza: tu dentadura, aunque no te quejas por ello, sigue molestándote.

Mientras tu abuela te preparaba el desayuno yo te contaba el "cuento de la granja" y tú hacías un repaso memorístico de los animales que ya conocías, y aumentábamos alguno más, como cada día; hoy le tocó a la gallina y aprendiste a decir "cló-cló" y al "tator" (tractor); y aplaudiste, porque habías hecho otro descubrimiento, y yo me alegré, porque había añadido otra entidad a tus imágenes.

Ayer nos sorprendiste porque empezaste a hacer asociaciones: a un anuncio redondo le llamaste "mamón" (balón) y a una esfera con rayas le llamaste "loló" (reloj), y dijiste "Mami, mamos" (mami, vamos), y comenzaste a llamar a tu hermano mayor por el nombre que le concediste, "Aber" (Alberto). Eres estupenda. Cada día progresas un montón. Hasta Jana te entiende, aunque la llames "Caña", y acude a ti, sin dudarlo; ella te entiende. ¿Cómo te llamará, cuando te mira con aquellos ojitos de cordero degollado? ¡Hay que ver cómo se van estableciendo los códigos de entendimiento!. Estamos aprendiendo mucho a tu costa, mi niña.

Tampoco confundes los libros, aunque no sepas leer ni conozcas el lenguaje de los signos; parece que con las formas te basta, tal vez también con los colores, aunque no sepas diferenciarlos a no ser el "vede" (verde). Tampoco te confundes si los cambio de lugar en la estantería. ¿Es una casualidad?.

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