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6 / 11 / 2008
Está un día extraño, ¿verdad? Me miras como preguntándome ¿por qué llora el cielo? Y no me extraña, pues aunque ya conoces la lluvia, ahora te lo planteas todo como una cuestión importante.
Verás, pequeniña, no es que el cielo llore lágrimas que caen y mojan, aunque sí lo parece. Tal vez no le faltasen motivos, si así fuese. Las gotas que ves son caricias húmedas, sí, todas ellas, así, en cantidad tan enorme, y cada una es como un beso tierno y fresco. Hacen bajar a la tierra la memoria de lo que ocurre allá arriba, en las nubes que cabalgan por el aire. Es bueno que así sea porque, si no ocurriese así, no brotarían las plantas, no habría frutos, pasaríamos hambre, no nacerían ni crecerían los animales y las personas nos aburriríamos porque pasaríamos la vida durmiendo a causa del calor agobiante que habría en el ambiente. Si no hubiese árboles, no habría sombra. Si no hubiese humedad, arderíamos por dentro. Es verdad que a veces ese fenómeno, el de la lluvia, cuando es torrencial, puede provocar inundaciones y hacer daño a los seres vivos, pero no es lo habitual, aunque hay que prevenirse, sobre todo en zonas y países de riesgo. A veces son las obras del hombre las que facilitan esos fenómenos tan desagradables.
Mas no debes tenerle miedo, más bien obsérvala y siéntela como algo bueno y necesario. Cuando se vaya, verás cómo el paisaje brilla más, los colores se hacen más intensos, el ambiente se limpia y toda la naturaleza lo celebra.
Si te fijas en mi, verás que cuando llueve tiendo mis manos con las palmas hacia arriba. Y es así porque siempre espero que me caiga un regalo, tal vez un mensaje, quizás una nueva palabra que me ayude a decirte “te quiero” con un lenguaje exclusivamente nuestro.
6 / 11 / 2008
Está un día extraño, ¿verdad? Me miras como preguntándome ¿por qué llora el cielo? Y no me extraña, pues aunque ya conoces la lluvia, ahora te lo planteas todo como una cuestión importante.
Verás, pequeniña, no es que el cielo llore lágrimas que caen y mojan, aunque sí lo parece. Tal vez no le faltasen motivos, si así fuese. Las gotas que ves son caricias húmedas, sí, todas ellas, así, en cantidad tan enorme, y cada una es como un beso tierno y fresco. Hacen bajar a la tierra la memoria de lo que ocurre allá arriba, en las nubes que cabalgan por el aire. Es bueno que así sea porque, si no ocurriese así, no brotarían las plantas, no habría frutos, pasaríamos hambre, no nacerían ni crecerían los animales y las personas nos aburriríamos porque pasaríamos la vida durmiendo a causa del calor agobiante que habría en el ambiente. Si no hubiese árboles, no habría sombra. Si no hubiese humedad, arderíamos por dentro. Es verdad que a veces ese fenómeno, el de la lluvia, cuando es torrencial, puede provocar inundaciones y hacer daño a los seres vivos, pero no es lo habitual, aunque hay que prevenirse, sobre todo en zonas y países de riesgo. A veces son las obras del hombre las que facilitan esos fenómenos tan desagradables.
Mas no debes tenerle miedo, más bien obsérvala y siéntela como algo bueno y necesario. Cuando se vaya, verás cómo el paisaje brilla más, los colores se hacen más intensos, el ambiente se limpia y toda la naturaleza lo celebra.
Si te fijas en mi, verás que cuando llueve tiendo mis manos con las palmas hacia arriba. Y es así porque siempre espero que me caiga un regalo, tal vez un mensaje, quizás una nueva palabra que me ayude a decirte “te quiero” con un lenguaje exclusivamente nuestro.

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