11
15 / 11 / 08
Veo que ya sabes cuándo algo te gusta y cuándo no. ¿De verdad te estás fijando en qué importante es tener en cuenta las cosas nuestras, las de uno, y saber distinguirlas de las demás? Es bueno reconocerlas y seleccionarlas, entre otras, por dos razones: la primera, porque ya tienes conocimiento del yo, de tu yo y, la segunda, porque podrás valorar lo que es confiar en algo o en alguien.
Lo del yo es tan importante que unos hombres sabios consideraron, desde siempre, que el concepto del yo era sólo patrimonio del hombre, es decir, una de las señas de identidad más importantes del ser humano, que no poseen el resto de los animales (no digo de los vegetales, como seres vivos que son, porque muy poco o nada sabemos de su modo de sentir, si es que en su caso puede hablarse de sentimientos), seña, decía, a la que denominaron su mismidad; quiere ello decir que cada uno de nosotros sólo puede ser él mismo y no otro, ¿entiendes?: somos intransferibles.
Y dijeron más: que como el hombre era una creación directa de Dios, a su imagen y semejanza, tal privilegio del hombre era un atributo divino; a su vez, como la mujer fue creada a partir de una costilla del primer hombre (a él lo llamaron Adán y a ella, la primera mujer, Eva), también ella era fruto del mismo acto creativo. Es un relato muy hermoso de un libro de la Biblia, el primero de la colección de textos sagrados, aseguran que inspirados por Dios a sus autores, que constituyen el libro solemne de los judíos y los cristianos, llamado Génesis, es decir, “Origen”.
Te hablo de esta teoría, y no de otras, por ser ésta la que más de cerca vivirás en el futuro, seguramente – nuestra sociedad es extremadamente conservadora, como irás viendo -; las demás doctrinas también tienen su chispa imaginativa y tal vez una poética idéntica; yo considero que ninguna es mala, y que todas pueden sensibilizar al que las escuche, pero hemos de elegir una, necesariamente, para nuestra tranquilidad espiritual, o bien renunciar a todas; yo estoy convencido de que nadie es capaz de vivir con y en el vacío espiritual, pues siempre estamos buscando algo que nos vivifique.
En cuanto puedas razonar con fluidez, te encontrarás con una paradoja (¡hay muchísimas!), la más elemental, y es que ¡tanto el hombre como la mujer tenemos el mismo número de costillas: veinticuatro, doce a la derecha y doce a la izquierda! Entonces, pensarás, seguramente, o el hombre tenía al principio veinticinco costillas y la mujer veintitrés, o no es explicable, a la vista de nuestros conocimientos actuales, tal fenómeno creativo. Sin embargo, y como norma para el futuro, debes tener siempre en cuenta, mi niña, que en la Obra de Dios no caben errores, porque todo lo que Él ha creado ha de ser, y es, perfecto; así que ha de haber alguna explicación para todo esto, pero yo no puedo aclarártela, partiendo siempre, necesariamente, de que Dios existe, sea cuál sea su identidad.
A lo largo del tiempo irás comprobando que mis conocimientos adolecen de muchos agujeros y muchas lagunas, pero yo pondré toda mi voluntad en informarme (lo vengo haciendo desde que era muy niño) para ir descifrándotelos, en la medida de lo posible; espero me perdones cuando me atasque, como ahora. Tal vez tengamos que pedir ayuda muchas veces, porque pedir ayuda - esta es otra idea que debes valorar siempre - no nos envilece sino que nos enaltece; por tanto, no debemos tener vergüenza de nuestras limitaciones si queremos aprender un poco más cada vez, pues siempre habrá alguien que sabe mucho más que nosotros. Otro día te hablaré de la humildad y la soberbia, que no deben confundirse con el sometimiento ni con la timidez o el respeto.
Aunque ahora sea muy prematuro para ti, te contaré otra historia. Verás, hay otros sabios que dicen que dicho concepto del yo no es un atributo exclusivo del hombre, porque descubrieron que el chimpancé tiene la misma capacidad que el hombre para identificarse a sí mismo y a los de su raza si se le deja mirarse en un espejo o si ve fotografías de sus congéneres o de sí mismo; tú has logrado identificarte desde el primer día que te miraste en un espejo y cuando empezase a balbucear ya te llamabas “nené” a ti misma, al observarte; sin embargo, los chimpancés más inteligentes tardan más tiempo y suelen asustarse mucho cuando se ven a sí mismos por vez primera, aunque luego lleguen a habituarse, poco a poco.
Así que, al menos hasta ahora, como ves, ya somos dos especies las que tenemos tal facultad: los chimpancés y nosotros.
Para complicarlo más, otros sabios son capaces de desmenuzar a los seres vivos y penetrarlos y hurgar en las más profundas intimidades de sus células (que son las pequeñas entidades con vida propia de los que están constituidos los seres vivos, ¡pero no los más pequeños, no creas!) y llegaron a demostrar que entre el chimpancé y el hombre había más parecidos que diferencias, pues el 98 o 99 % de las cadenas del ADN eran iguales en ambos. O, lo que es lo mismo, que sólo el 1 a 2 % de los genes que constituyen el ADN marcan la diferencia entre los chimpancés y los hombres; es decir, que Dios parece que ha hecho un solo molde para los dos pero que, para diferenciarnos, o arrancó un cachito del ADN a los chimpancés para pegárnoslo a nosotros, o nos creó iguales a ambos y nos premió a los humanos con un extra de genes de los que privó a los chimpancés. Podríamos haceros la pregunta: ¿realmente Dios tiene el 98 o 99 % idéntico al chimpancé y sólo un 1 o 2 % similar al hombre?
Puedo adelantarte que los chimpancés no son monos, sino un “grandes simios”, como el gorila y el orangután, lo cual es muy diferente.
Pero tal vez todo sea más sencillo y llegaremos a entender, algún día, que el hombre y el chimpancé proceden de cunas diferentes, por lo que su futuro ha de ser diferente, en consecuencia; por tanto, la búsqueda de lo que los científicos llaman el eslabón perdido, que demostraría que el hombre procede de los monos, no tendría sentido, porque tal eslabón no existió nunca; ¿o sí, en una fase más primitiva de la evolución, como dirían los evolucionistas, en contra de los creacionistas? Es decir, que los creacionistas piensan que los monos y los hombres no son primos, sino especies diferentes; de hecho, nunca han podido mezclarse entre sí, como ocurre con la mayoría de las especies de animales (sólo en raros casos se ha logrado de forma natural), es decir, no puede concebirse a un mono-hombre ni a un hombre-mono. Tampoco sabemos si ese presunto más remoto origen común habrá podido existir alguna vez. Hasta hoy la ciencia no ha aportado más que datos contradictorios; y aunque los científicos siguen buscando y excavando, en su afán por saber más, quizás Dios no les permita jamás el hallazgo de esa posible conexión, sencillamente porque no ha existido nunca; ¿o sí?.
Hay algo de lo que todavía no te hablado, pero lo haré, para complementar lo que te he dicho hoy, en el momento oportuno: te hablaré del alma.
De cualquier modo, mi niña, yo sé que eres humana e idéntica a tu mamá y a mí, que llevas la mitad de los genes de cada uno de nosotros, que nos vas copiando gestos, miradas, actitudes, que poco a poco te vas forjando una personalidad, que será única, tuya y exclusiva, que irás conquistando poco a poco tu entorno y dándole, a la vez, mucho de ti, para conformarlo y que te conforme para así completar tus particularidades o singularidades, que son lo mismo pero que te harán propia y original. Progresivamente te irás forjando ese yo del que te hablaba e irás ganando confianza en ti misma y en lo que tu conciencia, todavía incipiente, te indique que será bueno o no tan conveniente para ti. Si eliges bien y aciertas con la opción oportuna, serás feliz y nos harás felices a todos; pero si te equivocas, no te angusties nunca, pues del error que se corrige procede gran parte del conocimiento humano, que sale especialmente reforzado por haber sufrido las consecuencias de ese mismo error. Alguna vez te dirán que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; por experiencia podemos asegurarte que es totalmente cierto y casi, diría yo, necesario, para que las enmiendas se puedan realizar pronto o te puedas prevenir de los fallos posibles. Además, aquí estaremos, siempre que podamos, tu madre y yo, además de tus hermanos, ¿de acuerdo?.
15 / 11 / 08
Veo que ya sabes cuándo algo te gusta y cuándo no. ¿De verdad te estás fijando en qué importante es tener en cuenta las cosas nuestras, las de uno, y saber distinguirlas de las demás? Es bueno reconocerlas y seleccionarlas, entre otras, por dos razones: la primera, porque ya tienes conocimiento del yo, de tu yo y, la segunda, porque podrás valorar lo que es confiar en algo o en alguien.
Lo del yo es tan importante que unos hombres sabios consideraron, desde siempre, que el concepto del yo era sólo patrimonio del hombre, es decir, una de las señas de identidad más importantes del ser humano, que no poseen el resto de los animales (no digo de los vegetales, como seres vivos que son, porque muy poco o nada sabemos de su modo de sentir, si es que en su caso puede hablarse de sentimientos), seña, decía, a la que denominaron su mismidad; quiere ello decir que cada uno de nosotros sólo puede ser él mismo y no otro, ¿entiendes?: somos intransferibles.
Y dijeron más: que como el hombre era una creación directa de Dios, a su imagen y semejanza, tal privilegio del hombre era un atributo divino; a su vez, como la mujer fue creada a partir de una costilla del primer hombre (a él lo llamaron Adán y a ella, la primera mujer, Eva), también ella era fruto del mismo acto creativo. Es un relato muy hermoso de un libro de la Biblia, el primero de la colección de textos sagrados, aseguran que inspirados por Dios a sus autores, que constituyen el libro solemne de los judíos y los cristianos, llamado Génesis, es decir, “Origen”.
Te hablo de esta teoría, y no de otras, por ser ésta la que más de cerca vivirás en el futuro, seguramente – nuestra sociedad es extremadamente conservadora, como irás viendo -; las demás doctrinas también tienen su chispa imaginativa y tal vez una poética idéntica; yo considero que ninguna es mala, y que todas pueden sensibilizar al que las escuche, pero hemos de elegir una, necesariamente, para nuestra tranquilidad espiritual, o bien renunciar a todas; yo estoy convencido de que nadie es capaz de vivir con y en el vacío espiritual, pues siempre estamos buscando algo que nos vivifique.
En cuanto puedas razonar con fluidez, te encontrarás con una paradoja (¡hay muchísimas!), la más elemental, y es que ¡tanto el hombre como la mujer tenemos el mismo número de costillas: veinticuatro, doce a la derecha y doce a la izquierda! Entonces, pensarás, seguramente, o el hombre tenía al principio veinticinco costillas y la mujer veintitrés, o no es explicable, a la vista de nuestros conocimientos actuales, tal fenómeno creativo. Sin embargo, y como norma para el futuro, debes tener siempre en cuenta, mi niña, que en la Obra de Dios no caben errores, porque todo lo que Él ha creado ha de ser, y es, perfecto; así que ha de haber alguna explicación para todo esto, pero yo no puedo aclarártela, partiendo siempre, necesariamente, de que Dios existe, sea cuál sea su identidad.
A lo largo del tiempo irás comprobando que mis conocimientos adolecen de muchos agujeros y muchas lagunas, pero yo pondré toda mi voluntad en informarme (lo vengo haciendo desde que era muy niño) para ir descifrándotelos, en la medida de lo posible; espero me perdones cuando me atasque, como ahora. Tal vez tengamos que pedir ayuda muchas veces, porque pedir ayuda - esta es otra idea que debes valorar siempre - no nos envilece sino que nos enaltece; por tanto, no debemos tener vergüenza de nuestras limitaciones si queremos aprender un poco más cada vez, pues siempre habrá alguien que sabe mucho más que nosotros. Otro día te hablaré de la humildad y la soberbia, que no deben confundirse con el sometimiento ni con la timidez o el respeto.
Aunque ahora sea muy prematuro para ti, te contaré otra historia. Verás, hay otros sabios que dicen que dicho concepto del yo no es un atributo exclusivo del hombre, porque descubrieron que el chimpancé tiene la misma capacidad que el hombre para identificarse a sí mismo y a los de su raza si se le deja mirarse en un espejo o si ve fotografías de sus congéneres o de sí mismo; tú has logrado identificarte desde el primer día que te miraste en un espejo y cuando empezase a balbucear ya te llamabas “nené” a ti misma, al observarte; sin embargo, los chimpancés más inteligentes tardan más tiempo y suelen asustarse mucho cuando se ven a sí mismos por vez primera, aunque luego lleguen a habituarse, poco a poco.
Así que, al menos hasta ahora, como ves, ya somos dos especies las que tenemos tal facultad: los chimpancés y nosotros.
Para complicarlo más, otros sabios son capaces de desmenuzar a los seres vivos y penetrarlos y hurgar en las más profundas intimidades de sus células (que son las pequeñas entidades con vida propia de los que están constituidos los seres vivos, ¡pero no los más pequeños, no creas!) y llegaron a demostrar que entre el chimpancé y el hombre había más parecidos que diferencias, pues el 98 o 99 % de las cadenas del ADN eran iguales en ambos. O, lo que es lo mismo, que sólo el 1 a 2 % de los genes que constituyen el ADN marcan la diferencia entre los chimpancés y los hombres; es decir, que Dios parece que ha hecho un solo molde para los dos pero que, para diferenciarnos, o arrancó un cachito del ADN a los chimpancés para pegárnoslo a nosotros, o nos creó iguales a ambos y nos premió a los humanos con un extra de genes de los que privó a los chimpancés. Podríamos haceros la pregunta: ¿realmente Dios tiene el 98 o 99 % idéntico al chimpancé y sólo un 1 o 2 % similar al hombre?
Puedo adelantarte que los chimpancés no son monos, sino un “grandes simios”, como el gorila y el orangután, lo cual es muy diferente.
Pero tal vez todo sea más sencillo y llegaremos a entender, algún día, que el hombre y el chimpancé proceden de cunas diferentes, por lo que su futuro ha de ser diferente, en consecuencia; por tanto, la búsqueda de lo que los científicos llaman el eslabón perdido, que demostraría que el hombre procede de los monos, no tendría sentido, porque tal eslabón no existió nunca; ¿o sí, en una fase más primitiva de la evolución, como dirían los evolucionistas, en contra de los creacionistas? Es decir, que los creacionistas piensan que los monos y los hombres no son primos, sino especies diferentes; de hecho, nunca han podido mezclarse entre sí, como ocurre con la mayoría de las especies de animales (sólo en raros casos se ha logrado de forma natural), es decir, no puede concebirse a un mono-hombre ni a un hombre-mono. Tampoco sabemos si ese presunto más remoto origen común habrá podido existir alguna vez. Hasta hoy la ciencia no ha aportado más que datos contradictorios; y aunque los científicos siguen buscando y excavando, en su afán por saber más, quizás Dios no les permita jamás el hallazgo de esa posible conexión, sencillamente porque no ha existido nunca; ¿o sí?.
Hay algo de lo que todavía no te hablado, pero lo haré, para complementar lo que te he dicho hoy, en el momento oportuno: te hablaré del alma.
De cualquier modo, mi niña, yo sé que eres humana e idéntica a tu mamá y a mí, que llevas la mitad de los genes de cada uno de nosotros, que nos vas copiando gestos, miradas, actitudes, que poco a poco te vas forjando una personalidad, que será única, tuya y exclusiva, que irás conquistando poco a poco tu entorno y dándole, a la vez, mucho de ti, para conformarlo y que te conforme para así completar tus particularidades o singularidades, que son lo mismo pero que te harán propia y original. Progresivamente te irás forjando ese yo del que te hablaba e irás ganando confianza en ti misma y en lo que tu conciencia, todavía incipiente, te indique que será bueno o no tan conveniente para ti. Si eliges bien y aciertas con la opción oportuna, serás feliz y nos harás felices a todos; pero si te equivocas, no te angusties nunca, pues del error que se corrige procede gran parte del conocimiento humano, que sale especialmente reforzado por haber sufrido las consecuencias de ese mismo error. Alguna vez te dirán que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra; por experiencia podemos asegurarte que es totalmente cierto y casi, diría yo, necesario, para que las enmiendas se puedan realizar pronto o te puedas prevenir de los fallos posibles. Además, aquí estaremos, siempre que podamos, tu madre y yo, además de tus hermanos, ¿de acuerdo?.

No hay comentarios:
Publicar un comentario